Soberanía popular, ¿es realmente posible?

3744159600_eff0377c6a_bAfirma Félix Rodrigo Mora en su blog  “La soberanía hoy no reside en el pueblo sino en el Estado: esa es la gran verdad. El Estado es un formidable poder organizado que, valiéndose de la fuerza armada (estructurada en el ejército y las muchas policías), impone su soberanía, esto es, su poder de mandar, de obligar y prohibir al pueblo, masa no-libre, muchedumbre neo-esclava.Por tanto, lo que existe es la soberanía estatal, no la soberanía popular.

Manda el Estado, no el pueblo, y esa verdad irrebatible se enmascara con la patochada de la “emanación”, formulación mística e irracionalista, pues nadie sabe explicar cómo y por qué la soberanía estatal “emana” desde sí la soberanía popular…

Más allá de la jerga embustera del texto constitucional lo cierto es que el actual orden se divide en una muy ínfima minoría mandante y una colosal masa mandada que vive sin libertad, entregada a todos los abusos y atropellos. Sin libertad política, forzada a soportar el engaño, la corrupción y el despotismo del parlamento y los partidos políticos de izquierda y derecha. Sin libertad civil y, sobre todo, sin libertad de conciencia, pues el adoctrinamiento permanente desde la cuna a la tumba es el otro pilar decisivo, junto con el poder coercitivo militar-policial del vigente sistema.”

 

Las contundentes afirmaciones que encontramos en el post de Félix Rodríguez en alusión a la Constitución española, vienen a confirmar lo que defendemos en el movimiento de la Economía del Bien Común,  la premisa de que somos soberanos y que para que exista una verdadera democracia previamente se ha de desarrollar en los ciudadanos ese espíritu de conciencia soberana, algo que hoy por hoy ni se enseña ni practica en colegios, universidades, comunidades y demás colectivos o grupos de personas a la hora de organizarse o tomar decisiones, por lo que tendremos que aprenderlo y posteriormente enseñarlo.

Únicamente existiría una soberanía real cuando se dieran las siguientes condiciones:

·       Elegir un gobierno concreto.

·       Destituir un gobierno concreto.

·       Corregir al Parlamento en un anteproyecto de ley.

·       Proponer nuevas leyes a votación.

·       Modificar la Constitución por iniciativa propia.

·       Votar directamente una asamblea constitucional.

·       Controlar y dirigir los servicios públicos básicos más importantes.

No tenemos presente, que no poseemos esa libertad de conciencia, y como consecuencia de ello no tenemos la conciencia soberana que es la que nos otorgaría la capacidad de ser ciudadanos realmente soberanos y sentirnos totalmente dueños de nuestro destino y por ello ciudadanos libres y soberanos.

Dicha soberanía nos  llevaría a practicar una democracia directa, pero también implicaría un grado de mayor compromiso por nuestra parte, lo cual me lleva a lanzar la pregunta ¿realmente deseamos implicarnos directamente en la toma de decisiones de nuestra comunidad, municipio, región, país?

Debla Orihuela

 

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